domingo, 8 de mayo de 2011

El Libertador

Hubo un día quien no estaba de acuerdo con la Extravagancia de la Ciudad. Creyó que vencería a la tiranía con sus palabras, infundido por la antigua deidad de la Apatía. Habló al pueblo, todos grises, quien lo miraron con extraña esperanza. "Yo los haré libres"
Fue entonces con el Regente, quien lo esperaba, con una silueta amenazadora y soberbia. "Me llevaré a mi pueblo" dijo el Libertador. "Llévatelos" contestó el Regente.
La respuesta tomó enteramente de imprevisto al hombre, quien había preparado un larguísimo y sesudo discurso. Le temblaron las manos, los pies y las rodillas. Con el corazón palpitando sin ningún compás, atinó a preguntar "¿Por qué?"
"Llévatelos, o no vuelvas a joder. La libertad es un peso enorme." dijo el monarca, y reanudó sus juegos. Levantó la vista de las formas geométricas, y le dijo "Si vuelvo a verte, ordenaré que te asesinen"
Al volver, el hombre había envejecido algunos años. Los hombres grises portaban antorchas, picos y armas. "Somos libres" atinó a decir.
Había panaderos, herreros, artesanos y granjeros. Asesinos, maleantes, pastores y corderos. Todos, entonces, siguieron al Libertador. Al salir de la Ciudad Extravagante, le preguntaron a donde viajarían. Comprendieron, pues, que no había Tierra Prometida, más que la Libertad. "¿Qué harémos ahora?" preguntó un pueblo cada vez más iracundo. "Perdónenme, planeé la lucha, y aún tengo bajo mi manga las siete plagas. No estaba preparado para la victoria"
El pueblo, pretendió entonces utilizar su libertad para asesinar al Libertador. Tras esto, volvieron a la Ciudad Extravagante.

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