domingo, 29 de mayo de 2011

El Día D

Un día, la ciudad fue atacada. Los niños jugaban en el parque, las madres mecían a sus niños. Las mujeres de la calle complacían a sus hombres, y los hombres, remilgaban de sus alimentos. La Ciudad Extravagante estuvo en paz, y cuando pasó el ataque, no hubo marcas de ello.
El enemigo, invisible, cobarde, atacó sin mostrar su forma, ni a su general, que descansaba en las tinieblas. Cuando se retiró, había vulnerado a una ciudad intacta, nueva, resplandeciente, como había sido siempre. Los ciudadanos, asombrados, no registaron muertos, heridos o desaparecidos. Sabían que habían sido atacados, y eso es todo.
Así, de nada sirvieron las imbatibles almenas y los invencibles soldados. Quedó sola y desamparada, y la Ciudad Extravagante vivió lo más terrible del luto a la una de la madrugada.

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